Durante los dos o tres primeros meses de vida del bebé los cólicos son algo relativamente corriente para muchos de ellos, algo con lo que los padres han de aprender a convivir.
En muchos casos vemos como hacia el final del día el recién nacido llora y se retuerce con el rostro enrojecido. Es posible que notemos su vientre un poco hinchado e incluso puede tener gases. La duración de estos episodios es variable y depende de cada caso, pero tengamos en cuenta que el llanto puede llegar a prolongarse por más de una hora.
Y mientras tanto, los padres no suelen saber bien que hacer, ni como consolar al recién nacido.
El origen concreto de estos cólicos todavía no está claro. Algunas teorías hablan de irritación en el aparato digestivo del bebé a causa de determinados productos, por ejemplo harinas o leches maternas. Otras explicaciones señalan un posible origen psicológico del problema, quizá un malestar ante los cambios en su vida, quizá incluso una reminiscencia del periodo de gestación.
Sea como sea, este trastorno en algunas ocasiones llega a ser casi cotidiano, independientemente de lo que hagan los padres.
Afortunadamente a partir del tercer mes los episodios remiten hasta desaparecer.