Si bien desde el nacimiento el bebé es capaz de orientar los ojos y mantener una mirada horizontal a pesar del movimiento de su cabeza, lo cierto es que su visión es bastante mala.
Cada bebé es distinto pero diferentes estudios indican que como norma general, durante las primeras semanas de vida del recién nacido, éste solo tendrá una visión más o menos clara de aquellos objetos situados entre unos quince y treinta centímetros de los ojos. Más o menos la distancia al rostro de la madre cuando ésta sostiene al recién nacido e brazos. El sentido de la vista irá madurando poco a poco a lo largo de los primeros meses de vida del bebé.
El bebé nace con los ojos perfectamente capacitados para la visión, pero es el sistema nervioso el que no está preparado para procesar toda la información. El recién nacido es capaz de distinguir la luz y reaccionar ante ella, pero su cerebro todavía ha de madurar: inicialmente todo va a ser borroso, luces y sombras.
Y a pesar de todo el bebé parece sentir una necesidad innata por explorar su entorno. A partir de alrededor de la segunda semana de vida del recién nacido, éste ya reacciona ante la aproximación de un objeto: empieza a descubrir la profundidad de campo. Para cuando ronda su primer mes de vida el bebé ya puede enfocar objetos situados alrededor de un metro de distancia, prestando especial atención a los rostros de las personas.
El bebé progresará con gran velocidad, dependiendo en buena medida de la complejidad del “paisaje” que lo rodee. En las primeras semanas de vida el recién nacido ya muestra los reflejos adecuados para intentar acompañar el seguimiento ocular con un movimiento de la cabeza, aunque tendrá dificultades con los objetos en movimiento a menos que este movimiento sea muy lento.
Como hemos indicado, los progresos del recién nacido son rápidos, pero a pesar de ello no serán capaces de seguir realmente bien cualquier objeto en movimiento, anticipándose incluso al desplazamiento, hasta alrededor de los dos o tres meses. En este periodo el bebé empieza a ser consciente del espacio tridimensional que le rodea, algo que vemos reflejado cuando intenta agarrar algún objeto teniendo en cuenta su distancia e incluso su tamaño.
Será a partir del cuarto mes cuando el bebé empiece a coordinar la relación mano y ojo.