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La sonrisa y el bebé

La sonrisa, parte fundamental de la comunicación no verbal con el recién nacido

Por: Webmaster | Creado: 19/03/2009 10:48 | Enlace: La sonrisa y el bebé
Prácticamente desde el mismo momento del nacimiento es posible establecer una comunicación de tipo no verbal con el bebé. Inicialmente el niño utilizará el llanto fundamentalmente para indicar que algo le incomoda: tiene hambre, tiene frío, tiene calor, etc. Pero no tardarán en aparecer los primeros atisbos de una sonrisa incipiente. Casi se podría indicar que la sonrisa y el llanto constituirán las dos piedras angulares del lenguaje no verbal del recién nacido.



 
En una sonrisa intervienen diferentes factores: la mirada, el pliegue de los párpados, la curvatura de los labios, el movimiento de la boca, e incluso los posibles sonidos que se emitan. El recién nacido irá controlando poco a poco todos estos factores en un proceso de aprendizaje que se verá reforzado por la respuesta positiva de los padres. El bebé notará como sus sonrisas provocan alegría y por tanto se esforzará por mejorarlas. De nuevo es fundamental la intervención de los padres: el bebé aprenderá imitándolos.
 
¿Cuándo sonríe un bebé?
 
La respuesta evidente es cuando se encuentra a gusto, feliz, y satisfecho. Es posible que nos sorprendamos descubriendo una pequeña sonrisa en el rostro de un bebé que duerme plácidamente. Es más, hoy en día y gracias a los avances tecnológicos, podemos incluso afirmar que los primeros amagos de sonrisa aparecen ya en el vientre materno.
 
Podemos esperar las primeras sonrisas conscientes más o menos cuando el recién nacido alcanza su primer mes de vida, o poco más. Estas primeras sonrisas se harán muy evidentes para los tres o cuatro meses de vida; el bebé poco a poco va aprendiendo a manejar la curvatura de los labios. Hacia los cinco o seis meses el bebé ya es capaz de expresar una gran emoción en su sonrisa; no solo sonríe con los labios, sino que podemos ver también la sonrisa  en sus ojos. Tampoco tardará en aparecer la risa como una prolongación natural de la sonrisa, una expresión más intensa de emoción.
 
Así, el recién nacido ha aprendido a demostrar, al igual que un adulto, la sensación de alegría o de placer. También sonreirá ante sorpresas agradables, aunque en ocasiones también puede llegar a demostrar una cierta incertidumbre o falta de confianza mediante una sonrisa muy breve y menos pronunciada.
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