La fiebre, es decir el aumento de la temperatura corporal, es una de las mayores causas de alarma y “sustos” que tienen los padres. Sobre todo durante los primeros meses de vida del bebé.
La temperatura del cuerpo humano oscila ligeramente en función de la actividad y la hora del día. Al atardecer y por la noche la temperatura suele ser algo superior. ¿Cómo podemos saber si el bebé tiene fiebre?
En primer lugar hay que tener en cuenta que no es necesario ir tomando la temperatura “por si acaso”. Si el bebé parece estar bien lo mejor es no molestarlo. Tampoco podemos guiarnos por la temperatura de la piel para estimar si tiene o no fiebre, puede llevarnos a error.
La forma de decidir si un bebé tiene fiebre es usar un termómetro colocado en la axila o en el recto. Tomar la temperatura en el recto es más rápido y preciso, pero a menos que usemos un termómetro específico para temperatura rectal, existe un cierto riesgo de una lesión accidental si el bebé se mueve demasiado cuando tiene el termómetro puesto.
Debemos mantener el termómetro en la axila, concretamente en el hueco de la axila, durante unos 4 ó 5 minutos. Habremos de vigilar que el bebé no mueva demasiado los brazos dejando caer el termómetro. Si se coloca en el recto con un par de minutos bastará. Si la temperatura en la axila supera los 37 grados, o la temperatura en el recto supera los 37,5 grados, podemos concluir que el bebé tiene fiebre.
Pero ésto no necesariamente ha de ser motivo de gran preocupación. A los pequeños les puede subir la fiebre de forma rápida y repentina, y no siempre es señal de un problema serio. Si apenas se trata de unas pocas décimas estaremos atentos a otros síntomas de malestar. Pensemos que la fiebre en si misma no es el problema, simplemente es el síntoma: hemos de tener en cuenta el estado general del bebé. Si por ejemplo el recién nacido está un poco resfriado, unas décimas de fiebre pueden ser normales.
Por el contrario, si el recién nacido es muy pequeño, rondando los dos meses o menos, o su temperatura supera los 38º C, conviene acudir al médico con urgencia. Podemos encontrarnos ante los primeros síntomas de una infección más seria.
A un bebé con fiebre conviene darle líquidos, pero no insistir en que coma si parece no aceptarlo. Tampoco es buena idea abrigarlo en exceso. Un baño puede ser una forma de relajar al recién nacido y limpiar su sudor.
Un bebé con fiebre no debería cansarse en exceso, pero si que podemos sacarlo a la calle para llevarlo al médico, en brazos o en un cochecito, a condición de que se abrigue adecuadamente. Tengamos en cuenta que quizá sean necesarias pruebas ambulatorias que no pueden llevarse a cabo en el domicilio.
Si lo estima necesario el pediatra le recetará un antitérmico, pero es algo que no debemos hacer por nuestra cuenta.