El proceso mediante el cual el bebé pasará a la alimentación sólida va a ser gradual, y probablemente los primeros intentos resulten algo frustrantes para los padres.
El bebé debe acostumbrarse a las nuevas texturas o los nuevos sabores. Es muy posible un desconcierto inicial, incluso puede que el bebé rechace en un primer momento la papilla. Es algo normal fruto de la sorpresa, de igual modo que un adulto en ocasiones manifiesta un rechazo inicial ante las novedades.
Deberemos insistir poco a poco hasta que acepte su nueva alimentación, hacerlo con varios intentos si es preciso, pero siempre sin llegar a forzar al recién nacido. Si inicialmente no desea tomar la papilla es mejor desistir que no arriesgarnos a que acabe atragantándose.