Recientemente, en algunas zonas ha surgido una nueva tendencia, que tiene sus seguidores y por tanto merece la pena comentar. Se trata del denominado parto natural, o parto fisiológico. Por parto natural se entiende aquel en el que se recurre principalmente a la fisiología para que el parto tenga lugar, apoyándose únicamente en las ayudas que proporciona la medicina moderna, la obstetricia, sólo cuando es estrictamente necesario.
Aquellos que abogan por el parto natural afirman que la tecnología médica no permite experimentar correctamente la maravillosa experiencia del parto. Es una postura que tiene sus defensores, pero también muchos detractores. En no pocas ocasiones este tipo de partos se llevan a cabo en la intimidad del hogar, en un ambiente que hay que reconocer resulta bastante más acogedor que el típico hospital. Otra de las diferencias con los partos convencionales es la postura para el parto, que no tiene por qué ser tumbada de espaldas. Hay autores que defienden que el parto vertical (de pié, en cuclillas, o como más cómoda se encuentre la embarazada) facilita el proceso de parto. En el parto natural no se recurre a anestésicos convencionales, confiando en la producción natural de endorfinas, así como a otras técnicas naturales para aliviar el dolor (masajes, baños de agua caliente, etc.). El asistente a este tipo de partos, siempre debidamente cualificado, permitirá que sea la madre quien realice la mayor parte del trabajo sin interferencias, actuando únicamente cuando se le necesite.
En cualquier caso siempre es prudente y aconsejable consultar al médico que ha realizado el seguimiento del embarazo antes de decantarse por esta opción, sobre todo si se ha detectado algún problema durante la gestación.