Elegir el nombre para el bebé puede ser una de las tareas más divertidas para los padres. Aunque en ocasiones la verdad es que no resulta fácil; en cierto sentido tenemos un exceso de oferta.
Curiosamente en la elección del nombre para el recién nacido no van a participar únicamente los padres, muy probablemente los abuelos, tíos, hermanos, e incluso amigos, aportarán ideas y, hasta cierto, punto presionarán para que su elección sea la ganadora. Si además existe algún nombre tradicional en la familia la cosa se complica aún más; varias generaciones con un mismo nombre en una familia van a suponer una costumbre complicada de evitar sin causar algún disgusto, a pesar de que el nombre sea más propio de otros tiempos.
Lo mejor es que los futuros padres confeccionen por separado un par de listas de posibles nombres, y luego las pongan en común hasta dar con el nombre que mejor les parezca. Si la pareja conoce ya el sexo de su futuro hijo el trabajo se reduce a la mitad, pero si opta por no saberlo hasta el momento del parto habrá que elegir dos posibles nombres; uno por si es niña, otro por si es niño.
Al pensar en un nombre se deberán tener en cuenta los apellidos que van a seguirle. Algunas combinaciones son francamente desafortunadas, tanto por su significado como por su sonoridad. Un nombre mal elegido va a marcar al niño mucho tiempo, sobre todo en su etapa escolar.
Los nombres clásicos, de toda la vida, pueden parecer demasiado tradicionales o aburridos, pero hay que ser muy prudente al apuntarse al carro de las modas para elegir el nombre. Los nombres más de moda hoy, pueden sonar casi ridículos mañana. Seguramente todos conocemos casos así.
Finalmente si el nombre elegido es de esos que tiene un significado propio, conviene asegurarse de cual es antes de elegirlo. Y asegurarse bien.