Desde el quinto mes del embarazo las glándulas mamarias de la embarazada segregarán un líquido amarillo anaranjado y espeso, llamado “calostro”, prolongándose hasta un par de días después del parto.
Este líquido, el calostro, es una sustancia rica en proteínas, sales minerales, grasas, y agentes inmunitarios. Supone una importante ayuda para el sistema inmunitario del bebé que debe enfrentarse por primera vez a los agentes infecciosos del medio ambiente. El calostro también tiene importantes propiedades laxantes ya que debe ayudar al bebé a expulsar el meconio, una densa y pegajosa materia de aspecto verdoso que obstruye el aparato digestivo durante el desarrollo del feto. El meconio constituirá las primeras heces del recién nacido, compuestas por una mezcla de líquido amniótico, lanugo, moco, bilis, y células epiteliales desprendidas.
El calostro, de gran importancia para el bebé sobre todo si éste es algo prematuro, va siendo sustituido progresivamente a partir del tercer día de lactancia, pero no desaparecerá completamente de la composición de la leche materna hasta pasadas dos o tres semanas tras el parto.