Las cunas, o camas infantiles, son un elemento muy importante en la vida del bebé pues en ellas pasará un buen número de horas durante su primer año de vida. Antes de decidirnos por una cuna en concreto deberemos tener en cuenta diversos factores como por ejemplo su confort, pues a fin de cuentas es el elemento que debe garantizar el buen descanso del bebé, su resistencia y seguridad, así como la calidad de los materiales, son también factores esenciales. Finalmente tenemos el nada despreciable factor estético: el diseño de la cuna cuenta.
El periodo de sueño es fundamental para el niño, así que precisamente en la cuna no deberíamos mostrarnos ahorrativos en exceso.
Si no disponemos de mucho espacio en casa el bebé puede dormir con los padres durante los tres o cuatro primeros meses, en un moisés de alrededor de 80cm de longitud. Pero no más allá de ese tiempo. Este moisés, generalmente de forma ovalada, permitirá trasladarlo con comodidad e incluso mecer al bebé. El moisés deberá tener el fondo rígido y plano, los bordes acolchados, y con la suficiente altura como para que sea seguro.
Una vez pasemos el bebé a su cuna deberemos asegurarnos de su solidez y resistencia, y de que se encuentra homologada según la normativa europea. Las dimensiones de la cuna pueden ser variables, pero su longitud como mínimo deberá ser unos 20 o 30 centímetros mayor que la altura del niño en ese momento. Su anchura debería rondar los 60 centímetros como mínimo. Conviene que la altura de la cuna sea regulable de forma que cuanto más pequeño sea el niño, mayor sea dicha altura, de forma que resulte cómodo para los padres tomar en brazos al bebé.
Los barrotes de protección de la cuna deberán situarse con una separación máxima entre ellos de alrededor de los 6 centímetros, de forma que no sea fácil utilizarlos para trepar por ellos, ni el bebé pueda meter la cabeza entre dos barrotes, algo muy peligroso. El somier de láminas no debería tener espacios superiores a los 6 centímetros entre láminas, ni más de dos centímetros entre el somier y la estructura de la cuna. Si es necesario, se puede colocar algún tipo de protección acolchada en los barrotes para evitar que el niño se golpee accidentalmente.
En muchas ocasiones el tamaño de la cuna puede llegar a regularse para adaptarla así al desarrollo del bebé. Si la cuna tiene ruedas, algo realmente útil si tenemos problemas de espacio, éstas deberían poder bloquearse. Como mínimo dos de ellas.