La leche materna está perfectamente adaptada a las necesidades del bebé hasta el punto que su composición va variando con el tiempo conforme el recién nacido se desarrolla. Por lo tanto, al menos durante los primeros días, la lactancia con leche materna casi siempre es la mejor opción.
La leche materna producida durante los primeros días, llamada calostro, contiene gran cantidad de inmunoglobulinas y proteínas, así como azúcares de fácil asimilación. No será hasta las dos semanas, aproximadamente, que se alcanzará la composición definitiva.
Pero también encontraremos cambios en la composición de la leche materna a lo largo del día. Por ejemplo el contenido en grasas es superior de día que por la noche, incluso varía a lo largo de una misma toma. En resumidas cuentas podemos afirmar que la composición de la leche materna está perfectamente adaptada al organismo del bebé. Su composición en un 85% es agua y ácidos grasos solubles, fácilmente asimilables. La proporción de proteínas es la justa para que los órganos todavía no plenamente desarrollados del recién nacido puedan asimilarlas sin dificultad. En la leche materna podemos encontrar aminoácidos importantes para el desarrollo del bebé, por ejemplo la taurina. La taurina es un aminoácido de gran importancia en el desarrollo intelectual del bebé según indican recientes estudios médicos, juega además un importante papel en la capacidad visual y auditiva del recién nacido. De hecho es tal su importancia que algunos fabricantes de leche para biberones incorporan un suplemento de taurina en sus productos. La leche materna también incluye una cierta cantidad de azúcares, y entre ellos la galactosa contribuye al desarrollo del tejido cerebral del bebé.
Hoy en día se ha detectado un fenómeno un tanto sorprende que puede dificultar, o imposibilitar, el proceso de lactancia materna. Se trata de la alergia del recién nacido a la leche materna. Las causas de este problema no son del todo claras, aunque determinados indicios apuntan a que un excesivo consumo de leche de vaca por parte de la madre provoca que parte de sus proteínas acaben en la leche materna. En cualquier caso tampoco se descartan factores psicológicos.