Los chupetes deberán ser fabricados siguiendo unas mínimas normas de seguridad, variables en cada país. En España, por ejemplo, la normativa está fijada por AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación).
El chupete deberá estar fabricado en un material plástico, con bordes redondeados, sin aristas que puedan dañar al bebé. El tamaño de la tetina debe rondar los 3 centímetros, mientras que la base de ésta debe ser lo suficientemente grande como para que resulte imposible que el bebé se meta completamente el chupete en la boca y pueda llegar a asfixiarse. En la base deberá encontrarse una anilla que permita tirar de ella para extraer el chupete de la boca del bebé.
Los chupetes pueden ser de una pieza, o formados por varias ensambladas. Los primeros son más recomendables pues el riesgo de que algo se rompa, o se desmonte, es menor, pero lo cierto es que los más habituales son aquellos formados por varias piezas distintas. Estos chupetes ensamblados suelen ser más llamativos, con mayor colorido, pero al adquirirlos deberemos asegurarnos de que las piezas no pueden separarse con facilidad; el chupete casi siempre estará en la boca del niño, y una pieza mal asegurada puede llegar a ser bastante peligrosa.
Los materiales en los que se fabrican los chupetes pueden ser de lo más variado: plásticos diversos, silicona, o caucho. Los de silicona deben vigilarse en cuanto el niño empiece a mostrar sus primeros dientes pues es un material que puede desgarrarse con mayor facilidad. Independientemente del material el chupete deberá ser cambiado en cuanto comprobemos que la tetina empieza a dar muestras de desgaste: cambios de textura, pérdida de consistencia, etc.