La importancia del sueño durante las primeras semanas de la vida del bebé es enorme, durante el primer mes el recién nacido va pasar dormido la mayor parte del tiempo. Durante las primeras semanas el bebé puede dormir un promedio de 19 horas al día, y hacia el final de su primer mes de vida todavía puede permanecer dormido alrededor del 70% del día.
No debemos preocuparnos por el hecho de que el bebé pase dormido tanto tiempo, de hecho resulta algo necesario para completar su desarrollo, sobre todo a nivel cerebral.
En estas semanas el paso entre la vigilia y el sueño es rápido, ocurre casi sin que nos demos cuenta. Tras cada toma al bebé se le entrecerrarán los ojos e inevitablemente se quedará dormido con satisfacción. El proceso de succión supone un esfuerzo para el recién nacido, por lo que este cansancio, unido al acogedor ambiente en brazos de sus padres, hace que el bebé caiga en un relajado sueño.
El recién nacido no siempre duerme de la misma manera. Ya sea durante el día, o ya sea durante la noche, podríamos clasificar su sueño en ligero y profundo.
El sueño profundo del bebé se caracteriza por que el bebé tiene sus ojos bien cerrados y la respiración es regular. Puede haber ligeros movimientos en labios o dedos, pero por lo demás el recién nacido permanecerá completamente inmóvil.
El sueño ligero del bebé se caracteriza por el movimiento. El recién nacido mueve los ojos bajo los párpados, hace muecas, y los movimientos corporales son frecuentes.
Al bebé no le gusta que se interrumpa su sueño y cuando esto ocurre, aunque sea de forma accidental, normalmente rompe a llorar. En cualquier caso cada bebé es distinto y ya manifiestan sus propias peculiaridades desde los primeros días; algunos bebés son más nerviosos y su sueño se ve alterado con facilidad, casi con cualquier ruido, mientras que otros permanecerán dormidos incluso en ambientes ruidosos.