Tras el nacimiento del bebé deberemos prestar especial atención a su ombligo, y a la higiene del mismo. Habitualmente el bebé tendrá un fragmento de cordón umbilical ligado con una pequeña pinza, pero debemos mantener una adecuada limpieza de la zona para evitar posibles riesgos e infecciones.
Deberemos limpiar el ombligo del recién nacido unas dos veces al día con alcohol de 60º. También deberemos mantenerlo protegido mediante una compresa estéril sujeta con una pequeña faja, una gasa, o sencillamente un esparadrapo. Conviene utilizar materiales hipoalergénico para así minimizar el riesgo de reacciones alérgicas. La compresa aplicada sobre el ombligo deberá cambiarse cada vez que se vea manchada, prestando especial atención a la posibilidad de que se manche de orina.
Habitualmente el ombligo cicatriza sin mayores problemas en unas dos semanas tras el parto, pero si se produjera cualquier tipo de inflamación o abultamiento deberemos contactar con el médico pediatra de inmediato.