No son pocos los padres, fundamentalmente los primerizos, lo que tienen un cierto miedo a la hora de tomar al recién nacido en brazos por si pudieran hacerle daño, o incluso dejarlo caer accidentalmente. Las primeras veces el niño puede parecernos muy frágil, pero realmente no es tan difícil y en poco tiempo el propio bebé colaborará con nosotros en la maniobra.
Una forma de tomar a un bebé en brazos pasa por situar nuestra mano derecha bajo su nuca, al tiempo que situamos nuestra mano izquierda bajo sus pies.
Levantando al bebé pasaremos el brazo bajo la nunca del niño de forma que su cabeza repose sobre el hueco de nuestro codo. Tras colocar la mano bajo sus nalgas tendremos al bebé con la espalda reposando en nuestro antebrazo.
Tras levantarlo también podemos apoyar al bebé contra nuestro pecho de forma que su cabeza repose sobre nuestro hombro, justo al lado del cuello. En esta posición deberemos sujetar al recién nacido por la nuca y las nalgas.
Las posibilidades son bastante variadas, y cada padre o madre acaba desarrollando su propia técnica particular. Eso sí, durante los primeros meses resulta fundamental sostener la nuca del bebé cada vez que lo levantamos o lo tomamos en brazos.