El primer contacto del bebé con el medio acuático, su preparación para la natación, empezará en la bañera. Casi desde los primeros días de vida.
Inicialmente el baño se puede hacer en su propia pequeña bañera, pero más adelante también es posible utilizar la bañera de casa. En este caso es mejor que los padres queden fuera de la bañera y ayuden al bebé desde el exterior, y en caso de bañarse juntos nunca debe salirse de la bañera sosteniendo al recién nacido en brazos; podríamos resbalar y caernos con el niño.
En la bañera el recién necesitará el contacto corporal que le de seguridad y le calme ante cualquier inquietud que pudiera tener las primeras ocasiones, conviene también sujetarlo de forma que no pierda el contacto visual con el padre o la madre.
¿Cuándo podemos llevar el bebé a la piscina por primera vez? Pues conviene esperar unos meses, entre 4 y 6 meses aproximadamente. De hecho muchos centros no admiten bebés con edades inferiores al medio año por no tener instalaciones adecuadas para esas edades. También hay que tener en cuenta que el típico miedo al agua se va desarrollando poco a poco con el paso del tiempo, incluso se pierden algunos reflejos básicos heredados de la etapa de gestación, de forma que un bebé con 14 ó 15 meses se adaptará al medio acuático más lentamente que un niño menor de un año. Si se espera demasiado puede incluso aparecer una verdadera fobia.
La duración de estas primeras sesiones del bebé en la bañera vendrán marcadas por el propio bebé; no deberían pasar de los 20 ó 25 minutos pero si vemos que el recién nacido tiene frio o no se encuentra a gusto deberíamos sacarlo del agua. Poco a poco irá acostumbrándose y alargando las sesiones.
No todas las piscinas están preparadas para recibir a bebés, en la mayoría nos indicarán la posibilidad al entrar, pero algunos de los detalles que deberemos tener en cuenta son: el nivel de cloro en el agua deberá ser inferior de aquel destinado a los adultos (debería rondar el 0.5%), resulta preferible que la piscina sea climatizada, con el agua a una temperatura rondando los 32 grados centígrados, los vestuarios deberán estar igualmente climatizados y no demasiado alejados de la zona de baño para evitar que el recién nacido se enfríe, en la piscina no deberemos dejar nunca o desatendido solo al bebé, deben evitarse los horarios en los que el niño coma o duerma habitualmente, hay que dejar pasar un tiempo prudencial entre la última comida y el baño en la piscina. Es importante además verificar que los monitores se encuentren debidamente cualificados.
Como norma de seguridad aconsejable resulta muy conveniente consultar al pediatra antes de la primera visita a la piscina.